martes, 21 de julio de 2009

La Republica Conservadora (1831 – 1861)
El triunfo del general Joaquín Prieto, en la batalla de Lircay (1830), además de poner fin a la guerra civil, marco el inicio de una nueva etapa de la historia de Chile. El grupo conservador se impuso de manera definitiva sobre los liberales y, una vez en el poder, se empeño en dar estabilidad al país y en diseñar las instituciones que rigieron durante gran parte del siglo XIX.
Los conservadores eran un grupo muy variado de ciudadanos que encontraron en el pragmatismo de Diego Portales una buena interpretación de lo que entendían por orden institucional, basado en la administración centralizada del poder.
Aunque Portales tuvo una breve participación directa en las actividades de gobierno, cuando fue Ministro del Interior, Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, entre 1830 y 1831, tomo una serie de medidas tendientes a ordenar la actividad política y combatir diversos problemas sociales, y otras con el fin de eliminar a sus enemigos políticos:

- Sometió a los bandidos y cuatreros que asolaban los campos.
- Llamo a retiro a la mayor parte de la oficialidad del ejercito que defendió las ideas liberales.
- Apreso y exilio a muchos lideres pipiolos.

Hacia fines de 1831, el ministro se retiro del gobierno y asumió como intendente de Valparaíso, y volvió a dedicar su tiempo a sus actividades comerciales. Dos años después, el orden político que había pensado fue plasmado en una nueva Constitución (obra de Mariano Egaña), que rigió al país hasta 1925. Sin embargo, el devenir de los hechos hizo que Portales retomara, años mas tarde, su participación directa en el gobierno, desempeñando cargos ministeriales hasta su muerte (7 de junio de 1837).
Llevadas a la practica las ideas de Portales, los conservadores se abocaron a gobernar el país. La época de los decenios (1831 – 1861), conocida así por la reelección para un segundo periodo de cinco años de cada uno de los presidentes de aquellos años, fue el periodo en que se establecieron las bases institucionales del país.
Gobierno de José Joaquín Prieto (1831 – 1841)
· Constitución de 1833.
· Guerra contra la Confederación Perú – Boliviana.
· Se descubre el mineral de Plata de Chañarcillo.
· Se crean loa almacenes francos de Valparaíso, los que dieron un fuerte impulso comercial al puerto.
· Se dicta una serie de importantes medidas de carácter comercial, como la ley de Cabotaje y la de exportación de minerales.
Constitución Política de 1833
El Estado de Chile se conforma realmente con la Constitución de 1833, la cual fue promulgada el 25 de Mayo de 1833. Con esta nueva carta se estructura al Estado según las necesidades de la realidad social y otorga un período de estabilidad importante para el desarrollo del país. Los redactores del texto fueron el liberal Manuel José Gandarillas y el conservador Mariano Egaña, quienes debieron ceder en sus posiciones ideológicas para llevar a buen término su cometido.
La Constitución constaba de 168 artículos, agrupados en 12 capítulos. En su preámbulo declara que el régimen de gobierno es "popular representativo" y "la soberanía reside esencialmente en la nación, que delega su ejercicio en las autoridades que establece la Constitución".
La religión del Estado es la Católica Apostólica Romana, con exclusión del ejercicio público de cualquier otra. En lo que se refiere a la ciudadanía dice:
"Son ciudadanos activos con derecho a sufragio los chilenos que habiendo cumplido 25 años, si son solteros y 21, si son casados, y sabiendo leer y escribir, tengan alguno de los siguientes requisitos:
1. Una propiedad inmueble o un capital invertido en alguna especie de giro o industria.
2. El ejercicio de una industria o arte, o el goce de algún empleo, renta o usufructo".
Se reconocen garantías constitucionales como: igualdad ante la ley, igualdad en la admisión a todas las funciones públicas y empleos, igualdad en el reparto de los impuestos y contribuciones a proporción de los haberes, libertad de permanecer en cualquier punto de la República, inviolabilidad de todas las propiedades, derecho de petición, libertad de imprenta y mantención del régimen de mayorazgos con algunas salvedades.
La adquisición de la nacionalidad estaba condicionada a la posesión de capital o industria, residencia de 10 años para los solteros y 6 para los casados con extranjera y 3 para los casados con chilena.

El Poder Ejecutivo recaía en un ciudadano con el título de Presidente de la República, quien administraba el Estado y era Jefe Supremo de la Nación.
Para ser elegido debía haber nacido en el territorio nacional y tener no menos de 30 años de edad. Duraba en su cargo 5 años, pudiendo ser reelegido por un lapso igual de tiempo. Se elegía por votación indirecta por los electores designados por los departamentos.
Entre sus principales atribuciones estaban: designar a los ministros, intendentes y gobernadores, ejercer el patronato y el exequátur, vetar por un año los proyectos de ley que le presentaba el Congreso y decretar el Estado de Sitio, entre otras.
Los ministros de Estado podían desempeñar simultáneamente cargos parlamentarios, pudiendo asistir a sesiones de las ramas del Congreso y participar en sus deliberaciones, aunque no tenían derecho a voto aquellos que no formaban parte de la respectiva Cámara. Los ministros no podían ser acusados constitucionalmente por el Congreso, destituyéndolos de sus cargos.
La Constitución estableció un Consejo de Estado compuesto de personas designadas por el Presidente de la República, los cuales emitían su opinión frente a las consultas del jefe de Estado.

El Poder Legislativo reside en un Congreso Nacional, compuesto por dos Cámaras: una de diputados, elegidos por los departamentos de votación directa -uno por cada 20.000 habitantes-, y otra de senadores, integrada por 20 senadores nombrados por electores, que para este objeto designaban los departamentos en número triple al de los diputados.
Entre las atribuciones exclusivas del Congreso estaban: la de "autorizar al Presidente de la República para que use de facultades extraordinarias, debiendo siempre señalarse expresamente las facultades que se le conceden y fijar un tiempo determinado a la duración de esta ley". La misión del Congreso era de discutir y aprobar las leyes, entre las cuales estaban las llamadas Leyes Periódicas (actualizables cada 18 meses) , la Ley de Presupuesto (autorizaba los gastos del Estado), la Ley de Cobro de Contribuciones cada 18 meses y la ley referente a la existencia de fuerzas armadas de mar y de tierra.
La Constitución establecía que no podían ejercer funciones judiciales, ni el Presidente de la República ni el Congreso Nacional. Los Tribunales establecidos eran los encargados de hacer justicia. Se establecía la inamovilidad de los jueces, salvo en casos especiales, como cohecho, falta de observancia de las leyes o mala administración de justicia. Las Fuerzas Armadas eran una entidad obediente y no tenían derecho a deliberar.
La Constitución de 1833 no respondía claramente al modelo presidencialista ni al modelo parlamentario. Durante los primeros cuatro decenios de su vigencia tuvo una aplicación esencialmente presidencialista; sin embargo, a partir de 1871 se dará comienzo a una serie de reformas constitucionales que contribuirán, hacia fines del siglo XIX y principios del XX, a la instauración en Chile de un régimen parlamentario o a un "parlamentarismo a la chilena".


Guerra Contra la Confederación Peruano-Boliviana: 1836-1839
En la segunda mitad de la década de 1830, Chile enfrentó la mayor amenaza a su integridad desde que había alcanzado la Independencia: la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana.
A mediados de la década de 1830, el Presidente de Bolivia, Mariscal Andrés de Santa Cruz, aprovechó la anarquía en que estaba sumido Perú para anexarlo a Bolivia y crear así la Confederación Peruano-Boliviana. Santa Cruz pertenecía a la aristocracia boliviana y descendía de la nobleza inca por parte de su madre. El propósito de su acción política era lograr transformar al nuevo Estado en la potencia hegemónica del cono sur. Lo que necesariamente implicaba amenazar la independencia de sus vecinos. A lo anterior se agregó la rivalidad creciente entre Chile y Perú, ocasionada por la negativa de éste de pagar el préstamo que Chile había cedido a Perú en la década de 1820 y la verdadera guerra comercial que se había entablado entre el Callao y Valparaíso, a raíz de la política comercial que incentivara Rengifo.
En Chile, Portales intuyó la amenaza que representaba Santa Cruz e intentó formar un frente común con Ecuador para lograr detener la amenaza confederada. Pero fracasó en su intento porque Ecuador desistió ante las amenazas de guerra de Santa Cruz. Igualmente se frustraron los intentos de una confederación con Argentina. Portales, entonces, buscó, sin éxito, convencer a los chilenos de la necesidad de hacer la guerra a la Confederación.
La política de Santa Cruz, orientada a expandir la hegemonía de la Confederación, lo llevó a patrocinar, en 1835, la expedición de Ramón Freire a Chiloé. Portales fue llamado al Gobierno para afrontar semejante amenaza, e inmediatamente ordenó a Victorino Garrido que tomara por asalto el puerto de El Callao y capturara las naves peruanas que se encontraban allí. La expedición se realizó sin mayores contratiempos. Capturadas las naves, Garrido se entrevistó con Santa Cruz, y acordaron que las naves peruanas permanecerían en manos chilenas hasta la firma de un tratado de paz y amistad.
Portales debió rendirse ante la evidencia de que la ciudadanía no comprendía la necesidad de la guerra. En parte, por esto, pero también por la necesidad de ganar tiempo, a fines de 1836, envió a Mariano Egaña como embajador plenipotenciario ante Santa Cruz, para negociar los términos de un tratado. Egaña presentó ante el Gobierno Confederado cinco condiciones para aceptar un acuerdo: se partía exigiendo el reconocimiento de la deuda de Perú a Chile; continuaba solicitando el inmediato fin del enfrentamiento comercial entre Valparaíso y El Callao; pedía el inicio de negociaciones para la firma de un tratado de paz y amistad; condicionaba el acuerdo a la permanencia de las naves peruanas en manos chilenas hasta el cumplimiento del punto anterior; y concluía demandando la inmediata disolución de la Confederación. Como es de esperar, Santa Cruz rechazó lo último, lo que llevó a que Mariano Egaña le informara que existía un estado de guerra entre Chile y la Confederación Peruano- Boliviana. En verdad antes de la partida de Egaña, el Congreso chileno había autorizado a Prieto a declarar la guerra a Santa Cruz.

El Asesinato de Diego Portales
El país estaba en guerra, y Portales se dedicó, entonces, a organizar una nueva expedición con el propósito de invadir Perú y lograr la destrucción de la Confederación. Pero, no pudo ver cumplido su anhelo, porque, en junio de 1837 y mientras se dirigía a Valparaíso a revistar las tropas que iban a partir a Perú, su guardia se sublevó, capturándolo para luego asesinarlo.
La ciudadanía, horrorizada ante el crimen y temerosa de que fuera el preludio de una guerra civil o una invasión peruana, otorgó todo su apoyo al gobierno para lograr la destrucción de la Confederación.

Fin de la Guerra
Entre septiembre y diciembre de 1837, se realizó la primera expedición militar contra la Confederación. En ella, se ocupó, sin mayores dificultades, la provincia de Arequipa, y se preparó para avanzar sobre Lima. Mas, Blanco Encalada no era la persona adecuada para realizar semejante empresa. A su espíritu americanista, se unía la creencia de que la Confederación no era tan mala, porque había dado estabilidad al Perú. Por esto, fue muy fácil para Santa Cruz convencerlo de la bondad de sus intenciones respecto de Chile y firmar con él un Tratado, llamado de Paucarpata, que le aseguraba una victoria de gran envergadura. En el documento, se restablecía la paz, se devolvían los barcos capturados en 1836, se hacía abandono del territorio peruano capturado, y se iniciaban las negociaciones para la firma de un tratado comercial. Como era de esperar, el Tratado fue rechazado en Chile, y Blanco Encalada destituido de su cargo.
Poco se había avanzado en la guerra contra la Confederación. El gobierno decidió entonces comisionar al joven general Manuel Bulnes. Habiendo desembarcado en Perú, se estableció un Gobierno provisional, al mando del general Agustín Gamarra, que proclamó al Ejército chileno como "Restaurador de la Independencia peruana". Continuaron las acciones bélicas con las batallas de Matucana y Buin.
El 20 de enero de 1839, las tropas chilenas se enfrentaron a las fuerzas confederadas, derrotándolas en forma definitiva. EI 18 de febrero Lima fue ocupada y se declaró la disolución de la Confederación.
La guerra tuvo diversas consecuencias. Aseguró la independencia de Chile, otorgándole además un papel central en los asuntos latinoamericanos. Se demostró que el país había alcanzado un alto grado de estabilidad política y económica, lo que posibilito casi treinta años de progreso. Permitió disminuir la tensión social al generar un sentimiento de unidad nacional y, finalmente, fue la consolidación de los sentimientos de nacionalidad y patriotismo, particularmente porque había sido una guerra ganada por el pueblo.

En 1841 se hacen elecciones presidenciales. Manuel Bulnes, el héroe de la guerra contra la Confederación, es elegido por amplia mayoría. Con la muerte de Portales, la influencia de sus ideales se va perdiendo, lo que se refleja en la actitud conciliadora de Bulnes que permite el regreso a Chile de los Pipiolos exiliados. Esta actitud se basa en la creencia de Bulnes que el país había alcanzado una estabilidad suficiente como para que exista una oposición liberal.
Gobierno de Manuel Bulnes (1841 – 1851)
· Ocupación de Magallanes.
· Se dicta la Ley de Colonización.
· Se inicia la colonización de Valdivia.
· Fundación de la Universidad de Chile.
· Creación de la escuela Normal de Preceptores.
· Auge agrícola ante la apertura de nuevos mercados (California y Australia).
El desarrollo educacional
La fe en el progreso indefinido, característica de la mentalidad ilustrada, dio desde el siglo XVIII una importancia hasta entonces desconocida a la educación sistemática. Los hombres públicos de Chile republicano, herederos de esa mentalidad, vieron también en la difusión del saber una de las obligaciones del nuevo régimen político. Es revelador que gracias a la sugerencia de Mariano Egaña, la constitución de 1833 incorporara el concepto de que la educación pública constituía una atención preferente del estado. Pero, además de eso, se percibe una política ininterrumpida de establecer centros de enseñanza y una preocupación absorbente por los problemas del lenguaje, revalorizado por la ilustración como el más importante medio expresivo de que estaban dotados los hombres. Y mientras Andrés Bello realizaba un gigantesco esfuerzo en torno a la gramática castellana, Manuel Montt impulsó, primero como ministro de instrucción y luego como Presidente de la república, un conjunto de iniciativas destinadas a obtener la mayor eficacia en la educación pública. Desde los primeros años de gobierno de Bulnes puede seguirse una línea coherente de realizaciones: creación de una Escuela Normal de Preceptores, fundación de numerosas escuelas primarias fiscales, fortalecimiento de la enseñanza femenina y, por último, la dictación en 1860 de la Ley Orgánica de Enseñanza Primaria y Normal, que rigió más de medio siglo y aseguró el principio de la gratuidad de la instrucción primaria y la dirección estatal de ella.
La fundación en 1842 de la Universidad de Chile fue un estímulo intelectual de magnitud. Nació como una institución exclusivamente académica y no profesional. Contó con cinco facultades: Filosofía y Humanidades, Matemáticas y Ciencias Naturales, Medicina, Leyes, Teología. Su objetivo principal era el cultivo y adelanto de las artes, las ciencias y las letras, es decir, actividades de investigación y análisis. Se le agregó, además, la inspección y orientación de la enseñanza que los establecimientos públicos o privados impartieran en todos los niveles y campos de aprendizaje. Sólo algunos años más tarde se incorporarán directamente a la Universidad algunas escuelas de carácter profesional.

La generación de 1842
Tras la relativa tranquilidad que fue la nota dominante de casi todo el decenio de Bulnes, puede advertirse el lento pero inevitable repliegue de la generación liberal surgida en la década de 1820 y su paulatina sustitución por otra formada al amparo de la férrea paz portaliana. Empieza a darse a conocer una legión de jóvenes, más o menos coetáneos, que no disimulan su interés por los problemas de gobierno y que junto a una marcada indefinición política, dejan ver un trasfondo ilustrado y una extraordinaria permeabilidad a las distintas corrientes en boga, en especial las provenientes de Francia.
José Victorino Lastarria, Salvador Sanfuentes, Santiago Arcos, Francisco Bilbao, Federico Errázuriz, Domingo Santa María, Eusebio Lillo, Alberto Blest Gana, Diego Barros Arana, Benjamin Vicuña Mackenna y otros más, nacieron entre 1817 y 1831. Ellos serían los protagonistas de movimientos de opinión, de intentos revolucionarios y de la configuración de un ideario que recogía el utópico progresismo del siglo XVIII, un liberalismo doctrinario poco digerido, una posición anticlerical en ciernes y el extremismo propio de la actitud romántica extendida por el mundo.
Muchos de estos jóvenes han sido considerados como integrantes de la llamada Generación de 1842, formada en torno a la Sociedad Literaria de Santiago. En esta organización se defendían los principios del Romanticismo, en reacción frente al clasicismo. Esta contienda había surgido en Europa en la década de 1830. Por un lado los clasicistas abogaban por el estricto cumplimiento de ciertos preceptos, llamados clásicos, que ordenaban rígidamente la creación literaria y del arte en general. Los románticos, en cambio, propiciaban la máxima libertad en las formas para alcanzar así exaltaciones líricas imposibles dentro de los marcos rígidos del clasicismo. Sin embargo, el fenómeno reflejado de manera tan viva en el cultivo de las letras por esta generación, fue apenas un aspecto de una actividad vital de mayor complejidad, que habría de desembocar decididamente en una definición religiosa y política.
En 1849, José Victorino Lastarria funda el Partido Liberal con el objetivo de elevar una candidatura presidencial en las elecciones de 1851.
En 1850, Francisco Bilbao y Santiago Arcos fundan la Sociedad de la Igualdad. En abril de 1851 esta sociedad es disuelta y sus fundadores exiliados.

La elección de Montt y la Revolución de 1851
Manuel Montt encontró muchas dificultades para llegar a ser Presidente, Por una parte, la oposición lo consideraba extraordinariamente autoritario. Por otra parte, los partidarios del gobierno veían en el a un advenedizo provinciano al que no estaban dispuestos a obedecer.
Una serie de sublevaciones se sucedieron en los meses previos, siendo la mas importante la del 20 de abril de 1851. Aun así, Montt resultó elegido Presidente. Inmediatamente, las provincias de Concepción y Coquimbo desconocieron la elección y se declararon en rebeldía contra el Gobierno. Bulnes, que ejercía el cargo de comandante en jefe del Ejército, inmediatamente se movilizó hacia el sur, derrotando a José María de la Cruz en la batalla de Loncomilla. En diciembre de 1851, los últimos rebeldes se rindieron, acatando la autoridad de Montt.
La revolución de 1851 fue un quebranto muy profundo en la convivencia nacional. Claramente el país se encontraba dividido en gobiernistas y opositores. Por otra parte, el éxito del Gobierno de Bulnes tuvo el paradojal efecto de cuestionar la necesidad de la mantención del autoritarismo: lo que diez años antes se veía como una necesidad, ahora aparecía como un lastre para el progreso de la nación. Esto llevó a que los más leales partidarios del Gobierno se cerraran a toda posibilidad de acercamiento con la oposición. Una muestra de lo anterior, fue la actitud del Congreso -mayoritariamente oficialista- que se negó a aprobar una ley de Amnistía que favorecía a los rebeldes de 1851 y, en cambio, aumentó las facultades de Montt para perseguirlos.
Gobierno de Manuel Montt (1851 – 1861)
· Abolición de los Mayorazgos.
· Entra en vigencia el Código Civil.
· Ley de Instrucción Primaria.
· Fundación de la Escuela de Artes y Oficios.
· Construcción del ferrocarril Santiago – Valparaíso.
· Colonización de la Región de los Lagos.
· Revoluciones de 1851 y 1859.
La "Cuestión del Sacristán"
La administración Montt vivió uno de los más violentos enfrentamientos entre la Iglesia y el Estado. Aunque, en realidad, tras él se escondía el creciente cuestionamiento a las atribuciones del Presidente.
En la Constitución de 1833, se estableció un claro vínculo entre la Iglesia y el Estado. Esta relación no estuvo exenta de tensiones. Durante la década de 1840, al interior de! Gobierno se fueron perfilando dos tendencias: los Patronatistas, que planteaban el absoluto sometimiento de la Iglesia al Estado; y los Ultramontanos, que proponían la independencia de la Iglesia, aunque conservando su influencia social, cultural y moral. Como era
El conflicto estalló por un asunto aparentemente sin importancia. En 1856, un sacristán de la iglesia Catedral fue expulsado de su cargo por el sacristán mayor, sin el acuerdo del Cabildo Eclesiástico. En su defensa, dos canónigos presentaron un recurso ante la Corte Suprema, la que dictaminó restituir al sacristán en su cargo. El arzobispo, Rafael Valentín Valdivieso, negó la competencia de la Corte, la que lo amenazó con pena de destierro si persistía en su actitud. Valdivieso acudió al Presidente en su calidad de Patrono de la Iglesia. Montt se negó a intervenir, aduciendo que era una decisión de un Poder independiente del Estado. Finalmente, se logró que los canónigos se desistieran de la demanda. Sin embargo, el conflicto tuvo serias repercusiones políticas: la división del partido de Gobierno. Los Ultramontanos, que apoyaban la postura de la Iglesia, formaron el Partido Conservador, mientras que los Patronatistas crearon el Partido Nacional
Tras el problema religioso, resultaba evidente que se estaba cuestionando el poder presidencial y el creciente autoritarismo de Montt.
En un hecho inesperado, liberales y conservadores se unieron en contra de Montt, dando origen a la llamada Fusión Liberal Conservadora, que se opuso a una posible candidatura de Antonio Varas.

La Revolución de 1859
Montt endureció a cada momento su posición: insistió en apoyar la candidatura de Antonio Varas, lo que provocó el estallido de un nuevo movimiento revolucionario. Nuevamente, Concepción, ahora junto a Copiapó, se subleva contra el Gobierno. En esta última ciudad, el caudillo liberal, Pedro León Gallo, organiza un ejército que derrota a las fuerzas oficialistas en Los Loros, siendo derrotado, a su vez, en Cerro Grande. Concluye así el Gobierno de Manuel Montt que, en sus últimos años, sólo buscará sobrevivir.

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